¿La vida tiene sentido?
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Un joven decidido y arrogante, abandonó su casa, llevando únicamente una mochila: algún dinero, sus acreditaciones, unos viejos retratos y en fin, todo lo que le era imprescindible. Estaba dispuesto a encontrar el sentido de la vida. Entre un viaje y otro, trabajó duro, conoció lugares y gentes, pero nadie le daba una respuesta a su gran pregunta. Leyó toda clase de libros e investigó en las más dispares filosofías. A pesar de que intuía que el razonamiento no era suficiente, se extraviaba en toda clase de abstracciones metafísicas. Ahora, sin embargo, se encontraba allí. En aquel camino. Cargando con su cada vez más abultada mochila, llegó a una gran explanada en la que había una encrucijada de senderos. Recordó haber leído sobre ese lugar, pero eso no lo ayudaba. A su izquierda un camino amplio, sombreado y cuesta abajo, estaba señalizado con un cartel en el que se leía: "camino a la perdición". Jamás tomaría esa ruta. Era un hombre sensato y temía perderse. A su derecha, se entreabría, entre zarzas y maleza, una vereda estrecha y penosa. No había señales de que mucha gente hubiese pasado por allí últimamente. Al asomarse, pudo ver que atravesaba un gran río y el puente estaba roto, imposible de sortear con todo el peso que llevaba. Su cartel, sin embargo, prometía la felicidad. ¿Qué camino crees que tomó? No se volvió sobre sus pasos. No podía. Era su propia vida. Tampoco quería librarse de su carga. Nunca saltó el puente confiando en la promesa de felicidad. Todo por lo que se había esforzado durante la vida estaba en aquella mochila. No había posibilidad de hacerla pasar y no quería deshacerse de ella. Aquel camino además, sólo aparentaba penurias y sufrimiento. Era probable que el cartel mintiese. Acampó allí mismo y durante varios días sopesó su decisión. Al fin, decidió que aquel lugar, aunque extraño y sin sentido, era un sitio seguro para establecerse. -Podía estar peor- se decía, y se quedo a vivir allí, e hizo fortuna vendiendo poemas a los caminantes. Algunos que pasaron después, considerando la decisión de aquel hombre, elogiaron su agudeza. Otros, al contemplar el sinsentido de esa vida, supieron qué camino escoger.
-Relacionado: El hombre en busca de sentido, de Viktor E. Frankl |
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