Las tres urnas del rey Nemrod.
Cuenta la leyenda que el rey Nemrod dejó como herencia a sus hijos tres urnas, una de oro, otra de ambar y otra de arcilla. La de oro llevaba escrita la palabra "Imperio" y estaba llena de sangre. La de ambar tenía como inscripción "Gloria" y estaba llena de ceniza. La tercera llevaba escrita la palabra "Espíritu" y estaba vacía. Era un gran misterio el verdadero valor de aquellas urnas. Los poderosos codiciaban la urna de oro y apostaban cuanto pesaba, cerrando los ojos a su contenido. Los poetas se identificaban con la urna de ambar, cuyo profundo significado era más valioso que todos los tesoros. Para los sabios la mejor era la urna de arcilla, pues no hay nada valioso si no por el valor de la divinidad que contiene. El primogénito inmediatamente mandó fundir la urna de oro y se hizo con ella una corona. Gobernó durante varios años, entre guerras y disputas por el poder. Finalmente un traidor lo asesinó junto a toda su familia y se hizo con el trono. El segundo hijo eligió la urna de ambar. Este, mandó partirla y hacer con ella collares y anillos. Fue un próspero comerciante, pero en su vejez murió pobre y solo. El tercer hijo tomó la de arcilla a su pesar, pues siendo el menor, no pudo ser otra su elección. Furioso por su herencia, la estrelló contra el suelo haciéndola mil pedazos. Sin embargo, esta acción le permitió elegir libremente su destino. Sus descendientes aún relatan esta historia y muchos de ellos guardan un cascajo de arcilla como prueba de la veracidad del relato. |
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