El Hijo
Durante algo más de cuatro meses, Aubry Cusack sirvió en el ejército de tierra estadounidense en Afganistán. Después el silencio. - En el ejército te llevan gratis de vacaciones a exóticos lugares, conoces otras culturas y otra forma de ver la vida. Si algún punto de vista es demasiado distinto, pues disparas. Dos meses después de que lo dieran por desaparecido, Aubry llamó a casa. Todo ese tiempo había permanecido inconsciente en el resquebrajado hospital de Mirwais, en Kandahar. Su padre, que descolgó el teléfono, lloraba como un miserable. Su madre contó a todos el milagro. - No en vano cada día, rezaba. Y yo no es que sea muy creyente, pero es que necesitaba hacerlo, mi mente necesitaba respirar y pedir al Dios del Cielo por mi Aubry. Era mi único consuelo, y ahora me lo ha devuelto. Aún no estaba con ellos, pero casi a diario los telefoneaba. La guerra era tema tabú, sin embargo, solía hablar de sus nuevos compañeros. Le había impactado sobremanera encontrar allí a Nelson, al que en un principio no reconoció. Una mina se le había llevado las piernas, un brazo y parte de la cara. A menudo se comparaba con Nelson, y agradecía su propia suerte. - El pobre desgraciado, nisiquiera tiene familia que lo cuide cuando volvamos... Pasaron dos semanas hasta que se preparó un vuelo de evacuación. Pronto todos estarían en un hospital cerca de casa. Aubry nunca se lo pidió a sus padres. Tampoco hizo falta. Ellos conocían muy bien a su hijo. Sabían escuchar los silencios. Discutieron entre sí largamente. Analizaron los pros y los contras, sobre todo los contras, e hicieron cuentas que no les salían. - He pensado, es decir, tu madre y yo, hemos hablado... en fín, tu madre ha arreglado tu cuarto... y bueno, estamos preparando otro para Nelson... si no tiene a nadie... si el quiere... Las guerras son el mayor mal evitable que puede acontecer. Aún así, a veces es posible extraer algún aprendizaje de su sinsentido, pues son acaso la falta de misericordia más absoluta. Nelson no existía. Es decir, existía, pero era Aubry. Aubry sondeando a sus padres, mirando de reojo una ventana, bordeando el suicidio. Y en fín, no se como decírtelo: aquella última conversación no tuvo lugar. Tal vez porque esta es una historia real. Real y contundente como un cuerpo mutilado cayendo al vacío. |
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