El tesoro de Bat
No es fácil llegar a anciano en la dura estepa. Nasán, haciendo honor a su nombre, que significa "larga vida" en mongol, estaba a punto de cumplir los setenta años y todavía podía cuidar de sus caballos, ovejas y camellos. Sólo lamentaba no haber tenido un hijo. Ese día, mientras salió de su tienda de primavera para ver amanecer, Nasan, a la pata coja, calzó sus puntiagudas botas y su aplastado gorro. Por último ajustó firmemente su del, una especie de casaca larga anudada a la cintura que hacía juego con unos amplísimos pantalones. Con una curtida sonrisa de escasos dientes, mientras miraba el horizonte, tomó un poco de aarul y de airag, el equivalente a un desayuno de queso con cerveza, y salió en busca de sus rebaños. Tenía la convicción de que saludar al sol cuando éste salía, era lo que le daba la vitalidad que tenía. Llevaba poco tiempo cabalgando cuando encontró a un chico joven al lado del camino. Parecía muy triste y Nasan le preguntó qué le ocurría. -¿Qué me ocurre? ¡Todo me ocurre! ¡Mi vida es una desgracia! -empezó a lamentarse el joven-. ¡Hubiera sido mejor que no hubiese nacido! Nasan se apiadó del chico y le dijo: -No digas eso, hombre. A ver, cuéntame lo que te pasa. Dicen que las penas compartidas dejan de ser penas. Para empezar, ¿cuál es tu nombre? - Me llamo Bat - contestó el chico. Bat significa "firme" en mongol. - Pues la verdad no pareces muy firme. - Si supieras lo que me ha pasado me entenderías -añadió Bat. Y continuó explicándole su historia en un tono muy triste -. Me he quedado solo en el mundo. Mis padres han muerto y no tengo ni caballos, ni ovejas ni siquiera un techo en el que cobijarme. ¡No tengo nada! - Tienes toda la vida por delante, no lo puedes ver todo tan negro. - ¿Es que no lo ves? ¡No tengo nada! ¿Como viviré a partir de ahora si no tengo nada?-exclamó el chico mientras bajaba la cabeza, intentando tragarse las lágrimas delante del anciano. - ¿Tú crees que no tienes nada? Pues yo veo que tienes muchos tesoros. El chico subió la cabeza de golpe y miró a Nasan abriendo mucho los ojos. - ¿Es una broma? Anciano, por favor, no te burles de mí-. Dijo abatido el niño.- ¡No ves mi miseria! - No me estoy burlando de ti. Si quieres, podemos hacer un trueque. - Pero si no tengo nada que cambiar- repitió extrañado-. - Pues, a ver que te parece esto. Yo te doy mi rebaño de ovejas, pero a cambio tú me tienes que dar un ojo-, explicó Nasan. - ¿Mi ojo? ¡No, no! ¡Como quieres que cambie mi ojo por un rebaño de ovejas!-, se asustó el joven. - ¿No quieres? Pues a ver qué te parece esto: si me das tus brazos yo te daré una manada de camellos. Me parece un buen cambio, ¿no?- ofreció el anciano. - ¿Mis brazos? ¡No me interesa en absoluto!-se quejó Bat. - Pues entonces podemos cambiar mi tienda y todo el oro que hay en ella por una de tus piernas. - ¡Estás loco! ¿Como quieres que te dé una de mis piernas? ¡No cambiaría mi pierna por nada del mundo!- Exclamó Bat, que cada vez estaba más alterado. Nasan se puso la mano en la barbilla y siguió preguntando: - ¿No? ¿Y si me vendieras un brazo, una pierna y un ojo, el lote completo? Por todo eso te daría mis caballos, mis ovejas, mis camellos, la tienda y toda la plata y el oro que tengo. ¿Aceptas?-preguntó Nasan. - ¡No, no! ¡Ni por todo el oro, caballos o camellos del mundo! Entonces Nasan se incorporó y se echó a reír a grandes carcajadas. - ¿Lo ves? Tu mismo lo dices. Aunque me digas que no tienes nada, cuando te ofrezco comprarte algo que es tuyo me contestas que ni por todos mis animales ni por todo el oro del mundo. ¡Tú mismo lo estás diciendo! ¡Es mucho más valioso lo que tienes que todas mis posesiones y dinero! Bat se irguió de pronto al escuchar al viejo y empezó a reflexionar sobre las palabras de Nasan. - Tus tesoros son la salud, la fortaleza y la juventud. ¿No lo ves? ¡Tu mismo eres tu tesoro! Y si en lugar de estar aquí lamentándote, te pones a utilizar tu cabeza, brazos y piernas podrás conseguir lo que te propongas-, explicó Nasan. Bat pareció comprender y esbozó una pequeñísima sonrisa: creo que tienes razón. - Ahora, ¿quieres ayudarme a recoger la manada de caballos? - Nasan tendió una mano al chico- Y después comeremos. ¡Tengo un aarul buenísimo, ya verás! El viejo ayudó al chico a subir a la grupa de su caballo Y los dos se fueron cabalgando a través de la extensa llanura de Mongolia. Ambos tenían la sensación de haber encontrado un tesoro.
|
|
Sé el primero en añadir un comentario para esta entrada.
|
Más cuentos cortos y relatos |
|
Gooachi! tu página de inicio | RSS | ¿Qué es RSS? |
Agregar a favoritos | Contacto| Recursos
Derechos Reservados © Gooachi.com 2007 Gooachi! recomienda K9 Web Protection (freeware) |
![]() |
![]() |
|
|
| hosting barato |