La oración de un niño.
Durante 1829 la cosecha de trigo fue muy mala en Ars. Juan María Vianney, cura de aquel pueblecito, había fundado, años atrás, una residencia para niñas huérfanas. Mantenía aquel orfelinato, que llamó La Providencia, con lo que le daban los feligreses. A causa de la mala cosecha, llegó un momento en que todo el trigo que tenían se reducía a cuatro puñados esparcidos sobre el pavimento. El cura pensó en devolver a sus familiares a una parte de las huérfanas. -"¡Que tristeza! ¡Pobres niñas! ¿Volverían a caer en la miseria y en los peligros de alma y cuerpo?"-No pudiendo esperar nada de los hombres, el cura de Ars quiso hacer una prueba suprema: por intercesión de aquel Santo que de un modo tan palpable le había sacado de apuros durante sus estudios, pidió un verdadero milagro. Reunió en un solo montón en medio del granero todo el trigo disperso por el suelo, y ocultó en él una reliquia de San Francisco de Regis, el taumaturgo de la Louvex, y después de haber recomendado a las huerfanitas que se uniesen a él para pedir oración a Dios "el pan de cada día", se puso en oración, y ya tranquilizado, esperó. -Vete al granero a preparar el trigo que nos queda, dijo a Juana-María Chanay. Juana-María era la panadera de la Providencia, y quizás acababa de recordarle que el desván estaba vacío. ¡Agradable sorpresa! La puerta apenas se entreabre, y de la estrecha rendija sale un chorro de trigo. Juana-María desciende al piso del señor cura. -Pero, ¿es que ha querido usted probar mi obediencia? -le dice. El granero está lleno. -¿Cómo, está lleno? -Si, rebosa; venga y verá. Subieron ambos y echaron de ver que el color de aquel trigo era diferente del que tenía el otro. Nunca el granero había estado tan lleno. Se maravillaron de que la viga maestra, algún tanto carcomida, así como el pavimento, no se vinieran abajo. El montón de trigo tenía la forma de un cono y cubría toda la superficie. Al visitar un día Mons. Devie aquel lugar con el Reverendo Vianney, le preguntó a quemarropa: El trigo llegaba hasta allí, ¿no es esto? El obispo señalaba con el dedo un punto bastante elevado de la pared. -No monseñor, más arriba... Hasta allí. El Rdo. Vianney les hacía orar a los niños cuando quería alguna gracia, y "en tales casos -decía el cura de Ars- siempre he sido escuchado". Experimentaba, según su propia palabra, que las oraciones de lo niños llegan al cielo embalsamadas de inocencia. |
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Comentario #1 por: Conchi Moral
La pureza de corazon agrada tanto a Dios,ojala´no nos ensuciaramos con los años,con las agresiones de este mundo,especiamente con los malos ejemplos y la falta de fe y amor de muchos de nuestros mayores...No me extraña nada que La Virgen Maria estuviera protegida por Dios desde antes de nacer(llena de gracia y pureza para ser la Santa Madre de Dios) "BIENAVENTURADOS LOS PUROS DE CORAZON POR QUE ELLOS VERAN A DIOS" Comentario #2 por: CAROLINA
DIAS NOS DICE QUE CONFIEMOS EN EL, QUE TODO LO QUE LE PIDAMOS SE NOS CONCEDERA, ESTANDO LIMPIOS DE CORAZON, A SI COMO LOS NIÑOS, POR QUE DE ELLOS ES EL REYNO DE DIOS.
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