Maternidad y paternidad.
Por muchas cosas que llegase a tener en esta vida, jamás poseeré ningún tesoro tan preciado como mis hijos. Siento lástima, verdadera pena, por las parejas que ponen trabas a su primer hijo. Es cierto que antes de pensar en los hijos necesitamos una estabilidad. Eso es natural y perfectamente comprensible. Sin embargo, el hombre actual tiene la terrible capacidad de pervertir lo natural y cargarse de problemas. Esa seguridad y esa confianza que deberíamos depositar en Dios, la depositamos en el dinero y vivimos para la hipoteca, para los plazos del coche, para llenar el hueco de nuestra vida espiritual con viajes, fiestas, una mega televisión y toda clase de necesidades artificiales. Los nuevos matrimonios influidos por nuestra sociedad materialista tienden a mirar con angustia el futuro, piensan en las dificultades económicas, laborales, están pendientes del consumismo que nos invade a todos, del desarrollo profesional y personal… en definitiva de un egoísmo camuflado como “necesidades” y requisitos artificiales, que realmente ni necesitamos ni se nos requiere, para formar una familia. En muchos casos, finalmente los hijos llegan, pero cuando anteponemos las necesidades materiales a las espirituales, el resultado es un matrimonio incapaz de generar vida espiritual, hijos vacíos sin el cariño y la dedicación de sus padres; vacíos de amor y de buenos valores. |
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