Una nuez vacía.
Siendo yo pequeño, cierto día vi a mi padre partir nueces en la cocina. Alzándome sobre mis puntillas, observé cuidadosamente como lo hacía. Romper cosas era algo que a esa edad, me fascinaba. El cascaba las nueces y las comía. Me preguntó si quería una, pero eso no me interasaba. El comprendió, y me enseñó a abrirlas con cuidado de no pillarme los dedos. La primera me llevó cinco minutos y estaba podrida. Entonces mi padre me hizo comprender que antes de perder el tiempo con una nuez, debía comprobar si merecía la pena.
- Si hace mucho ruido, no sirve, está mala. Agudice mis oídos y sacudiendo la siguiente al lado de mi oreja, no escuché ruido alguno. Tras varios golpes conseguí abrirla. Dentro había una cosa que parecía un cerebro.
-¡Qué estraña casualidad! pensé. Hoy en día, cuando oigo o leo a un creacionista, exponiendo sus argumentos en contra de la evolución, suelo sentir lástima de ese tremendo desperdicio de fuerza y fé. Sin embargo, cuando pienso en una nuez... ¡es que se parece tanto! ¿Puede ser esto sólo una casualidad? Cuando veo a una persona hablando demasiado, criticando a todo el mundo, inoportuna, interrumpiendo la conversación, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:
- Si hace mucho ruido, no sirve, está mala. |
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